jueves, 16 de mayo de 2013
Días negros.
La luz del sol caía sobre nuestros rostros como si fuera la bella toma de alguna película de esos directores que ahora serían bastante cool. Sonreíamos como si el tiempo no pasara. Hasta creí por un momento que así fuera, pero no. El tiempo había pasado, y bastante. Era precisamente el primer día de todo eso que había pasado, y creí que la mejor forma de sobrellevarlo sería pasando el tiempo con su compañía. Una de las mejores en ese momento, pues es de los momentos en que realmente solo las buenas compañías precisan pasar el tiempo con uno. Recuerdo recibir ciertas llamadas desde algunos lugares lejanos, agradables por cierto, me hicieron sacar al menos una o dos sonrisas quizás. La tarde pasaba musicalizada por esas canciones tristes que a pesar de serlo también alegran, o simplemente hacen más ameno el proceso. Ya se cumplía la hora, tenía que partir. ¡Qué triste continuar después de una tan surreal tarde! Pero las cosas siguen, dicen por ahí. La vida es muy corta para llegar a otra galaxia, dijeron. En el final de las cosas, bajo esa tarde de sol, con todas las palabras dichas y que faltaron por decir, en mis días negros, te extraño.
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