Es rara la situación de elegir flores para ese momento. Extrañamente divertido, en cierto punto. Pensé que jamás me sentiría nuevamente así, pero cada aniversario o cada vez que visitamos ese lugar, me siento igual. Es como si fuera ayer, el día en que las cosas cambiaron; el día en que perdieron dos muchachos adolescentes algo de lo que más querían de una forma más que cruel. Estábamos sentadas en la vereda, pensando. Hasta que una persona nos dio plata para que compráramos algunas flores. Por razones que desconozco fueron los veinte minutos más extraños y alegres de todas esas semanas posteriores. Reíamos, pensando en que color de flores escoger. Margaritas, dije yo. Rosas, decía ella; pero ambas coincidíamos en que lo más importante era el color. Fue justamente hoy, cuando todos esos recuerdos volvieron a mi mente más acentuados que siempre, y resurgieron de la nada esos sentimientos de alegría triste (oxímoron). Es como si fuera ayer, aquel día en que juntábamos flores y creímos haber armado el ramo más raro de la velada, y que de manera singular pensábamos que nos representaba. Era precisamente el que más llamaba la atención sobre ese objeto de madera. Estábamos un tanto felices por ello, a pesar de lo que estaba pasando. Sonreíamos, mientras el ramo era tapado por lo que suelen usar para cubrir esas cosas en este país. No era como en las películas, pensé. El ramo se habrá desintegrado por la naturaleza misma, sin embargo es extraño como recuerdo cada una de sus flores y colores. Cada aniversario de lo que luego me pasó a mi, trato de armar un ramo tan extraño como ese, y lo llevo con una pequeña sonrisa a ese lugar, dejándolo solo mientras me alejo, pero esta vez no cubierto. Es simplemente encontrar un poquito de felicidad, en donde pensás que quizás ya no queda nada más que tierra.

No hay comentarios:
Publicar un comentario