viernes, 8 de febrero de 2013

- Era uno de esos días en los que pensaba que sería tan sólo una noche más. Caminaba sola, hacia ese lugar en donde solíamos encontrarnos los amigos todos los sábados, quizás un viernes, quizás un jueves también. Entré, miré en todas direcciones, pero no encontré a nadie. Decidí subir las escaleras para ver si desde lo alto lograba divisar alguna cabellera suntuosa, pero no hubo caso. De repente, volteo para observar algo, y ahí estabas. Observábamos aquella banda de versiones lentas, no era quizás para un día como ese pero de igual forma combinaba perfectamente con el resto de la situación. La noche seguía e interiormente seguía reafirmándome que sería casualmente una noche como las demás. Entretenida y con anécdotas sí, pero una noche parecida a otras de todas formas. Fue entonces cuando de la nada tu boca suelta esas palabras que pensé que no podía llegar a escuchar. Decías y repetías una y otra vez cosas que eran para mí bastante asombrosas y a la vez halagadoras en cierto sentido. Era extraño como lograste captar la esencia como ninguna otra persona lo había hecho en años. Hasta incluso pensé que nunca nadie llegaría a entender; a veces es difícil para muchos comprender que es lo que hay detrás de la simpleza y cual es la magnitud del trasfondo de todo aquello que sale a la luz. Muchas veces las personas me decían que algo era como era por lo que veían; creo que pensaban que no había mucho más detrás y por eso mismo, se sorprendían de igual forma cuando descubrían algo nuevo o simplemente algo que estaba pero que era de extrañar debido a su comprensión de los hechos.
 Para mí es extremadamente llamativo como entendiste todo a la perfección. Como captaste que las influencias de toda una vida hicieron causa y efecto en la forma, y que esa forma es quizás un tanto peculiar. Y estaba precisamente un tanto (demasiado) contenta de que seas vos quien decía esas cosas. En cierta forma, ese tipo de transparencia cobra visibilidad cuando (por así decir) se decide a aparecer en un determinado momento; y por causas que uno incluso muchas veces desconoce, ante cierta personalidad que mágicamente genera la situación extraordinaria en la que la fórmula para que se den las cosas se dé (algo que me ha intrigado siempre). Sin embargo, también depende del otro recibir lo que se da o no, claro.

 Estábamos parados en ese lugar, yo escuchaba atentamente tus palabras. 
 Simplemente no podía evitar pensar que todo lo que estabas diciendo, y todo lo que sos respecto a todo esto que acabo de decir, te hacen (para mí) mi fabuloso complemento.





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